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La otra...

Lillith y Adán 

Agosto 11.

Antenoche desperté de madrugada y sin que mi voluntad estuviera llí, mi cuerpo se llenó de tu deseo. De mi deseo.

   Sentí tu rostro ante el mío y me besabas, y me exigías decirte que te amo en todas las formas conocidas… que era tuya, sólo de ti. Me hacías el amor, mi vientre ardió y te sentí integrado a mi cuerpo, como una sola llama.

    Después… poco después… nada. Como si de pronto –como sueles hacerlo- decidieras desprenderte de mi, en lo más intenso de mi anhelo. Me esforcé en recuperar la sensación de tu aliento y tu ansiedad abrazándome. No volvió. Dormí de nuevo un rato y me levanté triste. 

Agosto 12.

Hoy, al despertar y con el día aún oscuro, te deseé de nuevo. Pero esta vez fui yo a buscarte. Imaginé tu cuerpo sumido en el sueño, en la inconciencia total… y me metí entre tus sábanas.

   Comencé besando suavemente tu cuello, mejillas, tu frente, tu cabello. Busqué tu cuello de nuevo. No tus labios, porque si no desean o no pueden besarme, no se tocan.

   Encontré tu manzana de Adán y la besé. Eran besos tiernos, suaves, con todo el calor de mis labios, poniendo en ellos todo mi deseo de mujer.

   Bajé a tu torso, besé el vello de tu pecho, tus tetillas, me hundí en natural y primitivo olor de tus axilas.

   ¿A qué huele tu piel? ¿Cuál es el olor natural de tu cuerpo? ¿A qué sabe la sal de tu sudor cuando te cubre?

   Sí. Me fui besándote a cada centímetro de piel. Te imaginé absolutamente todo, en el más puro e instintivo deseo de tu cuerpo.

   Me olvidé de tu alma, que tal vez no hubiera querido sentirme. Guardé la mía en un lugar seguro para que no la sintieras y no la lastimaras.

   Concluí que quien te hizo el amor así fue mi Lillith, la ardiente, la que te ama más intensamente, a veces con ira, con la pasión libre y la mirada sin  miedo. Ella que te ama con toda su fuerza emocional, pues no le tiene temor al pecado.

   Mi Eva, (tu) Eva, quedó de momento desplazada. Adán no (no…) ama a Lillith, eso lo sé. Sólo la desea y tal vez, en el fondo, la desprecia.

   Eva la tonta, la que todo lo perdona, la que acepta la infidelidad eterna de Adán –y sin embargo permanece intocada y pura para él-, la sumisa sin condiciones, ésa es la que tiene el amor de Adán.

   Lillith… no.

   Aún así te amo, desde Eva y desde Lillith. 


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